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AISLACIONISMO A LA TRUMP


Comprender a nuestros poderosos vecinos es tarea vital para nosotros los mexicanos, en especial cuando la política norteamericana gira de manera tan dramática como se aprecia con las elecciones presidenciales del 2016. Desde 2015 Estados Unidos de América vive un debate crucial entre el egoísmo y la generosidad, entre la integración internacional y el aislacionismo. Por desgracia gane quien gane, Estados Unidos dejará de ser la súper potencia abierta e integrada con el resto del mundo, para cerrarse como una ostra.  
Solo hubo una época en que los norteamericanos pudieron vivir en su aislado paraíso , eso fue entre 1620 en que arribó el Mayflower y el inició de la Guerra de Secesión, durante esos años los ideales puritanos de los peregrinos convivieron con la minoría ilustrada, la sociedad se consideraba la república de los santos, y por ello despreciaban a Europa y al resto del mundo. Fue la victoria del Norte sobre el Sur la que transformó a esa sociedad cerrada en una sociedad abierta y su economía en capitalista. 
Desde 1823 los norteamericanos habían amenazado al mundo con la doctrina Monroe: “América para los (norte)americanos” y si entonces solo se concretaron a aplicarla dentro del continente, en 1860 dieron un paso adelante cuando expulsaron a los franceses de México con una simple amenaza de guerra, y en 1898 declararon la Guerra a España. 
La doctrina aislacionista de los fundadores puritanos, reforzada con la Doctrina Monroe y una irrefrenable agresividad bélica fueron el sello distintivo de EEUU durante el siglo XIX. México era su laboratorio, ellos hicieron nuestra revolución y hubieran seguido experimentando  con nosotros pero, en 1917, Venustiano Carranza le entregó a Thomas Woodrow Wilson del “Telegrama Zimmermann” en que Prusia ofrecía a México recuperar los estados arrebatados por EEUU en 1847. Esto fue suficiente para que el Presidente Wilson interviniera en la Gran Guerra, ahora conocida como Primera Guerra Mundial. 
Pocos años después Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial a causa del ataque Japonés de Pearl Harbor. El aislacionismo ni siquiera volvió a ponerse como una opción, pues al finalizar la guerra, inició inmediatamente la Guerra Fría y Estados Unidos tuvo que asumir el papel de líder mundial contra la influencia soviética.
El “Aislacionismo” norteamericano de los primeros colonos,  parecía derrotado por los presidentes Wilson y Roosevelt que fundaron las bases de Estados Unidos como potencia internacional, que llevara al mundo a la cooperación internacional, a un mundo integrado y a ser el sostén de los organismos internacionales, sin embargo el siglo XXI trajo inesperados enemigos: el terrorismo y las “amenazas de destrucción masiva”.
De nuevo Estados Unidos fue a la guerra, ahora contra Afganistán e Irán a quienes ocuparon rápidamente e intentaron hacer un gobierno liberal, democrático y moderno, cosa en la que fracasaron y por ello, Barack Obama, prometió en 2008 abandonar el Medio Oriente. Pero Obama quedó atrapado entre su promesa a los electores norteamericanos y la imposibilidad de cumplirla, por lo que terminó en Oriente Medio haciendo el ridículo, y ocasionando un efecto dominó desastroso.
Entonces surgió, en los barrios blancos mas pobres, en las montañas y entre quienes se sintieron traicionados por su patria, el nuevo aislacionismo: sin ilustración, sin piedad, sin sentido de comunidad, sin altruismo.
Por desgracia así es el nuevo aislacionismo, un supremacismo que se considera ingenuamente autosufiente, que desprecia a parte de su mismo pueblo, que amenaza a propios y a extraños y que acusa de traición a quien sea a la primer sospecha, que quiere todo sin ofrecer nada a cambio. En Estados Unidos su aislacionismo propone par si mismo el papel de mercenario al mejor postor, y esto ante la algarabía de quienes se sienten descendientes directos de los pasajeros del “Mayflower”. 
Este aislacionismo es el secreto del éxito de Donald J. Trump y de muchos que como él desprecian a los débiles, ignoran a la justicia y carecen de sabiduría y prudencia. Es un aislacionismo necio, seco, burdo, tosco, anti histórico, deshumanizado y beligerante, que promete nuevas guerras fuera y dentro de Estados Unidos, pero sobre todo que promete nuevos enemigos a modo, para que el norteamericano furioso tenga a quien inmolar, así sean chinos o mexicanos, lo cual parece la única opción ahora que ya no existen ni la esclavitud, ni la justicia de frontera, ni el linchamiento.

Por Antonio Limón López.
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