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¡¡YA NOS HOMOLOGARON!!

En Baja California estamos muy indignados, pues en el tiempo que tarda un chasqueado de dedos, el presidente Enrique Peña Nieto nos homologó. Eso les dolió a nuestros fayuqueros empresarios locales al grado de que estamos a punto de declararle la guerra a la federación. En ese ánimo, unos jóvenes despreocupados pero con buen sentido del humor, proclamaron la independencia de la República Libre y Soberana de Baja California, por cierto, con una bandera que recuerda a la que utilizaron los californios cuando se separaron de nuestro martirizado país.
Durante decenios pagábamos menos IVA que el resto de México, gozábamos de privilegios para importar a nuestra Zona Libre o a lo que fuera quedando de ella. Durante todo el siglo XX y 12 años del siglo XXI disfrutamos de un trato diferente, hasta nos creíamos de sangre azul. Pero este año todo eso se acabó y tendremos que pagar el mismo IVA que pagan el resto de los mexicanos, de nada valió nuestra eterna oración de que si nos homologan ya no seremos competitivos con Estados Unidos (¿Pues cuándo lo hemos sido?), que se fugarán miles de millones de dólares en compras a los comercios del sur de California (Qué de raro tiene).
“Ya nos homologaron” escuché hace poco el lamento de uno de nuestros más destacados fayuqueros locales. Se supone que al darnos a los fronterizos un trato diferenciado desarrollaríamos nuestra propia industria para competir con los norteamericanos, pero ni somos competitivos contra Estados Unidos, ni lo hemos sido nunca, y tampoco nos industrializamos. Nuestra única industria son las maquiladoras, las verdadera y las fayuqueras que aparentando ser maquilas, en realidad son importadoras que no pagan IVA.
La homologada que nos dieron también sorprendió a nuestra clase política fayuquera, jurába que el gobierno central nunca nos homologaría, pero .. nos homologaron y casi nos cierran la garita, pues ahora aumentarán las “mordidas” en las garitas, que siguen pareciendo garitos. Pero al menos nos queda el honor de ser los últimos homologados.
Nuestro país, que no república, debiera llamarse “Estados  Homologados Mexicanos” o quizás “Estados Unidos Homologados”, o tal vez “Homologados Unidos Mexicanos”, ya que por donde quiera que se le vea cuadra el nombrecito, aunque me parece más acertado el de “Estados Bananeros Homologados” que nos queda a la medida, pero definitivamente no el de Estados Unidos Mexicanos porque de plano el saco nos queda muy grande y la etiqueta de "Made in USA" la trae a la vista de todos.
¿Qué porqué lo digo o en qué me fundo? Bueno vea el caso del “Estado(¿?) Libre y Soberanos de Chiapas” que es donde se genera la mayor parte de nuestra energía eléctrica y de eso los chiapanecos no reciben ningún beneficio, y de tan homologados que están, ya ni cuenta se dan de esa injusticia. En Quintana Roo se encuentra nuestro principal destino turístico de playa, Cancún, pero de los homologados impuestos que recaudan no reciben ni un centavo adicional. En esta homologada patria la federación es la que cobra el impuesto y es la que parte y reparte para quedarse con la mejor parte, siempre siguiendo sus homologados criterios. Y para donde quiera que volteemos la vista vemos más de lo mismo, estados y municipios homologados por aquí, por acá y los restantes homologados por allá y acullá.
Si el federalismo es la forma de reconocer la identidad y el talento local, la forma de poner el gobierno donde vive la gente, la homologación es la forma de aplanar la identidad y el talento local y llevar el gobierno a más de dos mil kilómetros;  si el federalismo es la forma de gobierno que surge desde abajo, desde nosotros, la homologación es la forma de gobierno que nos cae desde arriba como una losa. La homologación política hace a los ciudadanos simples residentes, nos convierte en estadística, en borregos que balamos para que nuestro pastor sepa que aún existimos. Nada de extraño tiene que nuestros gobernadores se pasen la vida de rodillas haciendo antesalas con los subsecretarios de egresos de Hacienda.
Pero dejemos de quejarnos, veamos lo bueno. Estar homologado puede ser agradable, en primer lugar no necesitamos pensar pues en la capital pensarán por nosotros y si no pensamos ¿Para qué diablos querríamos decidir lo que nos conviene? Eso también lo pueden hacer por nosotros en el Distrito Federal.
El federalismo mexicano consiste no en 32 estados y un distrito federal, sino en un DF, la capital y en el resto de México que bien pudiera llamarse Cuautitlán. Eso explicaría porque existen dos tipos de mexicanos, los de primera que residen en la Ciudad de México y los de segunda, que sobrevivimos en Cuautitlán.
Por lo pronto, la homologación sigue a paso firme, los defeños se aprestan a despojarnos de nuestros órganos electorales estatales, para suplirlos por uno cuyas máximas autoridades serán del Distrito Federal, esto les permitirá a las cúpulas de los partidos (en el DF, por supuesto) pagar favores a defeños y saludar con nuestro dinero, pues también nos reducirán el presupuesto. De inmediato nos quitarán nuestro tribunal electoral ¿Pues si ni siquiera organizamos nuestras elecciones, entonces para que querríamos un tribunal electoral? Con ello nos reducirán más presupuesto, el cual gastarán en el DF con más chambas a nuestras costillas y dicen que con mayor transparencia.
También nos anuncian que nos impondrán un código procesal penal único y nos dirán, desde el Distrito Federal, como debemos impartir nuestra justicia, ¿Y fundados en qué? ¡Pues en que ya nos homologaron! En poco tiempo nos quitarán nuestro derecho penal, nuestra justicia local y la dictará una elite desde la capital, antes de que eso ocurra, un burócrata desde el Distrito Federal nos enviará al policía de la esquina, y todo por la misma razón… ¡Porque ya nos homologaron!
En esta parte de Cuautitlán que es Baja California, hace tiempo teníamos una credencial electoral estatal, pero nos la quitaron… para homologarnos mejor. Desde que nuestros tarados gobernadores firmaron los convenios de coordinación fiscal la capital cobra nuestros homologados impuestos y los reparte despótica y arbitrariamente, a fin de cuentas nos tienen bien homologados.   
Es cierto que como gobiernos locales hemos sido unos ineptos, pero en la capital las autoridades federales son también unas ineptas, es cierto que algunos gobernadores han sido unos ratas, pero también en la presidencia de la república hemos tenido unas ratototas!! Es cierto que nuestros juristas no son la gran cosa y que algunas o muchas sentencias causan serias dudas, pero la Suprema Corte de Justicia con sus ministros como Góngora Pimentel y con sus sentencias no causan ninguna duda: cualquiera sabe que en los casos de Raúl Salinas a quien le devolvieron sus mal habidas riquezas con un “uste’ disculpe, patroncito”, con la liberación de Caro Quintero y con la farsa en el caso de Florence Cassez, campeó la corrupción, la incompetencia intelectual y la apatía moral. Y en eso estamos homologadamente de acuerdo todos los mexicanos.
Qué los estados estamos endeudados, es cierto pero más está endeudada la federación, que los estados tenemos malos gobernantes, es cierto pero peores han sido los presidentes de la república, que nuestra justicia es mala, es cierto pero peor es la justicia federal, que nuestros policías son ineptos es cierto, pero peores son los policías federales.
A pesar de todo y como ya podemos adivinar no hay llamados a la rebelión, nuestros políticos con su mentalidad realista y pragmática no se van a inconformar, a fin de cuentas ellos también están homologados, pero al menos cobran sustanciosos cheques por las homologadas, se enlistan en las homologaciones plurinominales y los homologalizadores dedazos siguen y siguen, ellos están conformes con que los homologuen y a juzgar por sus sonrisas de oreja a oreja, hasta lo disfrutan. ¡Jodidos nosotros!  

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