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EL HOMBRE FUERTE


El sistema de Seguridad Nacional es la cúspide de nuestro sistema de Justicia, el cual afronta indolente un desprestigio enorme ganado a pulso, en particular porque el enemigo visible es la Delincuencia Organizada, pero el real es otro. Durante décadas los agentes del ministerio público o han sido venales o han vivido con salarios raquíticos entre enormes tentaciones, los agentes ministeriales han sido improvisados, se han corrompido, han sido asesinados o han vivido atemorizados, este sistema es perfectamente anómalo en todo, en la distribución de los recursos, en la investigación, en el enjuiciamiento, en las prisiones, visto a ojo de pájaro parece que hasta el Federalismo conjura con presupuestos desequilibrados para investigadores y jueces, para la federación y los estados, pues mientras un Juez de Distrito gana mas que un gobernador, los jueces penales de los estados además de malpagados están expuesto e indefensos frente a los criminales que sentencian. Nuestros laboratorios están obsoletos, los técnicos forenses carecen de actualización profesional y los estados ni siquiera pueden sostener a los reos federales en prisión.
Sin embargo, a pesar de las apariencias lo que domina, corrompe y obscurece a nuestro pobre y lastimero sistema de justicia y seguridad pública, no son los males del federalismo: disparidad presupuestal y política, ni siquiera la Delinciencia Organizada sino algo unido al mayor mal nacional: el más fiero de todos los centralismos, el que ejerce de manera total y absoluta la Secretaría de Seguridad del Gobierno Federal, que es absoluta, que todo lo dictamina y decide, tanto la distribución de los recursos fiscales a los estados, como la forma como se arman nuestros policías y a quien se le compran esas armas y el resto del equipamiento, los laboratorios y hasta cierne en su criba toda la información criminal, desde las huellas digitales, los antecedentes penales, las comparaciones de ADN. En su poder absoluto decide todas las estrategias de todas las policías y se eleva como el gestor y "non plus ultra" de la gran estrategia de seguridad nacional, con excepción de la del ejército.
Asómbrese, la Secretaría de Seguridad dispone de un presupuesto mayor que el de la Procuraduría General de Justicia y del Poder Judicial de la Federación, tiene funciones tan ambiguas y amplias que bien puede ejecutar investigaciones políticas, bajo el pretexto de ser “de inteligencia”, pero no sabemos nada de los funcionarios que desempeñan esas funciones, salvo que regularmente los agentes federales se encuentran involucrados con criminales de la peor ralea y de que son espectacularmente ineficaces.
La supersecretaría no sólo nos desconcierta a nosotros ciudadanos de a pie, sino hasta el mismo Procurador General de Justicia creyó ingenuamente que la procuraduría tenía una misión central en la estrategia para conservar la legalidad e integridad de México, pero para la Secretaría de Seguridad lo central no es la lucha contra el crimen sino el control de la sociedad, por ello o se comportaba Medina Mora como un achichincle de la supersecretaría o se largaba, finalmente se fue a Londres y ahora estamos a punto de que el nuevo procurador sea una figura decorativa a fin de que no traspase el poder de la supersecretaría. Hasta el propio Presidente de la República, es rehén de este poder fáctico, peor que el del dupolio televisivo y sólo Dios y Felipe Calderón saben que miedos le habrán metido.
El poder del Secretario de Seguridad, Genaro García Luna, sólo puede compararse con el poder que tuvieron en otros tiempos los entonces secretarios de gobernación Luís Echeverría y Gutiérrez Barrios, pero ahora con un presidente abatido y débil, con más dinero, mayor impunidad, mayor potencial de peligro y sin que nadie lo note: en esa supersecretaría se sirven con la cuchara grande, compran tecnología basura sin ser auditados, contratan a escoria, gastan el dinero en pacas y costales en lo que se les antoja, nadie sabe a ciencia cierta que hacen, pero contra los delincuentes organizados son como dulces corderos, excepto para lograr la “heroica” captura del pobre loco que “secuestró” al avión del vuelo Cancún- México, por cierto ahí sí se hizo presente el supersecretario, porque sabía que ningún narcocapo se incomodaría al verlo dirigir ese operativo publicitario, pero eso si en las aprehensiones de los matones de segunda de los carteles, llevadas por el ejército o por humildes policías estatales o municipales, no se ve ni en fotografía “no sea que alguno se la tome personal y se enoje” porque en realidad su trabajo es apantallar al Presidente (que anda en Júpiter o Saturno), gastar todo lo que se pueda a manos llenas sin rendir cuentas a nadie, mientras nuestras policías y agentes ministeriales se concretan a verlo como si fuera el supremo Dios del Olimpo. Al menos los dioses griegos luchaban por los mortales -podemos reflexionar- pero el supersecretario ni es un dios griego ni lucha por nadie que no sea él mismo.
Claro que también existimos nosotros los confiados gobernados, despistados como siempre, que permanecemos ignorantes sobre lo que bien puede ser la nueva situación política del país: el presidente Calderón, sin dinero, sin liderazgo claro, con la renuncia de Eduardo García Mora, la derrota ante el PRI, la degradación del PAN a copia al carbón del PRI, la muerte o renuncia de sus amigos, el abatimiento que lo inunda y que se nota a leguas y la embestida previsible de la delincuencia organizada, probablemente ya renunció al poder, en este caso muy probable y lamentable, el hombre fuerte lógico para asumir el control de nuestra nación al garete, es Genaro García Luna, a fin de cuentas cuenta con incondicionales decididos, armados, irresponsables, con el único presupuesto discrecional y para acabar pronto, nadie se sorprendería pues en México nadie sabe para quien trabaja y desde siempre los lobos han cuidado a las ovejas.
Por Antonio Limón López

DE REY MIDAS A MOISES CRIOLLO




Llegaste a la presidencia prometiendo que administrarías mejor nuestros recursos económicos, que serías el presidente del empleo, que harías las reformas fiscales y petroleras necesarias, pero por desgracia los imponderables “contra los que nada podemos” volvieron a interponerse en nuestro destino, el aumento de precios en el mercado mundial de alimentos, la crisis financiera internacional, el bajo precio del barril de petróleo, la quiebra hipotecaria norteamericana y con todo esto volvieron los fantasmas de antaño: la devaluación, la fuga de capitales y la perdida de empleos.

Claro que además de esas causas externas, tan socorridas por los ineficaces, existen recetas internas para el desastre, esas nos la explican varias leyes y principios: la primera es la “Ley de la Entropía”, que dice que toda fuerza física tiende al reposo, lo que en materia de gobierno significa que los malos gobiernos tienden a paralizarse y a dejar que las cosas buenas o malas simplemente pasen; otra es la “Ley de Murphy” que dice que si dejamos a su propia suerte algo que puede salir mal, seguramente saldrá mal y por último, el “Principio de Peters sobre la competencia” que postula que no debemos dar responsabilidades superiores a quien no tiene capacidad para ellas.

Si observaras con detenimiento los tres primeros años de tu gobierno, podrías darte cuenta que fueron años de despilfarro cuando hubo algo de dinero extra en el morral, que fueron años sin planeación para el mañana, de desconexión del Presidente con todo, simplemente te dedicaste a corromper al PAN, lo convertiste en una porra de aplaudidores y de arrodillados, les distes chambas a los consejeros nacionales y dejaste que el Club infantil de Felipe se apoderara del partido, en cuanto a la República fueron tres años de apatía, de derroche, de ineptitud y de superficialidad, fueron tres años que en la bonanza petrolera hubieran pasado desapercibidos, pero en medio de la actual crisis, brillan como tres años pésimos, cada uno peor que el anterior, carentes de liderazgo, de ideas y de metas.

En particular el tercer año parece una especie de maldición bíblica, doce meses de malas noticias, de empobrecimiento y de soberbia, que pueden catalogarse como uno de los peores en muchas décadas y te tocó a ti ser el responsable, al menos Fox te heredó una situación económica, social y hasta política mejor que la que ahora tienes y si bien prometiste convertir todo en empleos, en oportunidades, en desarrollo, es decir en oro puro como si fueras el Rey Midas, lo único que lograste fue convertirlo todo, toditito en vil mi…. mineral de poco valor, hasta Cantarel ya te niega el petróleo de sus entrañas; de plano Felipe estás bailando con la mas fea y no porque te haya tocado en suerte, sino porque así la escogiste.

Por eso a falta de algo bueno que decirnos en tu Tercer Informe de Gobierno, ahora nos saliste con el domingo siete de ese Decálogo que nos endilgaste el dos de septiembre, un decálogo de obviedades, de lugares comunes, de frases de pierogrullo, de vulgaridades, un compilado de los discursos más sobados, pero eso sí lo leíste en el marco impresionante del Palacio Nacional, ante un selecto público de empleados, de concesionarios, de aplaudidores profesionales y de proveedores y clientes del erario nacional, lo lamentable es lo pobre del discurso que parece obra de un entusiasta de la superación personal ¿No lo hizo Josefina Vásquez Mota la autora de “Dios mío Hazme viuda”? o ¿Acaso lo escribió Carlos Cuauhtémoc Sánchez el autor de “Juventud en éxtasis”? No te parece Felipe que tú país merece un poco - ¿que digo?- un mucho, un muchísimo más de respeto.
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