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DE CARGACHAMARRAS A CARGACHAMARRAS

El “Cambio” como idea se encuentra profundamente arraigada en la modernidad. La moda vive del cambio y los colores favoritos que pueden ser pastel este año, al siguiente pueden ser substituidos por los brillantes; En el mundo de la economía todo cambia a diario, las monedas se devalúan, incluso surgen nuevas enfermedades y los gustos literarios también cambian, algunos escritores muy admirados hace pocos años, ahora sufren del peor mal de la literatura, el olvido provocado por el cambio de gusto, de sensibilidad o de temática; La publicidad vive de nuestra desmemoria y por ende del cambio; El cine tiene que reinventarse cada pocos años y hasta la Iglesia Católica cambia. En todo lo importante y en lo superficial, el cambio reina. El cambio se encuentra en el corazón de todo lo productivo y lo creativo, en el ocio, en el trabajo y hasta en lo que imaginamos o soñamos. 
Heráclito de Efeso, observando la naturaleza de las cosas allá por el año 500 antes de Cristo, comprendió que todo estaba en  constante cambio, que nada estaba estático, sino que cada uno de los seres vivos y las cosas estaban en constante cambio. Una de sus frases más recordadas, lo prueba “En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]”. De esa aguda observación surgió la del contrario de cada cosa, del yo que soy pero que en ese mismo momento estoy cambiando.
Platón seguramente escuchó las ideas de Heráclito, y quedó atrapado en su genio, como lo demuestra que el noble ateniense elaboró la “Dialéctica”, que parte de que a cada idea o concepto se le opone otro, del mismo tipo pero de sentido opuesto y de este enfrentamiento surge a cambio, una nueva idea, a la cual se le debe oponer otra también del mismo tipo pero de sentido contrario, y así surgirá otra nueva en un proceso sin fin. Platón elevó al altar de su pensamiento a esta idea del cambio constante, de la oposición y del nacimiento de nuevos y cambiantes conceptos.
Ni Heráclito, ni Platón pudieron imaginar que sus ideas emparentadas por el cambio, serían retomadas por Hegel, el gran filósofo alemán de principios del siglo XIX, que en su “Fenomenología del Espíritu” replanteó el método dialéctico, dándole el rango de sistema de conocimiento, opuesto a la Lógica y de mayor utilidad, pues mientras la lógica está atada a una premisa conocida, la dialéctica parte simplemente de conceptos opuestos, de la tesis y su antítesis. Hegel introdujo las dicotomías opuestas como la noche y el día, el acto y el sentido, el espacio y el tiempo. 
Este pensador fascinado por el cambio, llenó el siglo XIX, y por sus herederos como Carlos Marx y los liberales, al siglo XX y lo que va del XXI. Es pues el “cambio” no solo un concepto coloquial, sino un concepto central, el propio Darwin creó una formidable teoría que es la de la evolución de las especies por la selección natural, y Einstein redujo el universo a un relativismo físico donde nada es inmutable. 
Claro que la política como ciencia, arte o saber se encuentra sujeto a la poderosa fuerza del cambio, ese cambio que transformó a las primeras polis en burgos florecientes y luego a estos en estados. Ese mismo cambio que ha llevado al banquillo de los acusados a todas las verdades inconmovibles y las ha convertido en otras nuevas y distintas, sí ese cambio que transformó a las sociedades naturales en sociedades civiles, a las monarquías en democracias, y al mundo antiguo en el mundo moderno. 
Pero todo lo anterior vale menos que un cacahuate ante la política mexicana, que surgió en 1821 y que desde entonces sigue siendo la misma cosa, cosa de amigos y de pandillas, donde las ideas no son sino pretexto para que las cosas sean exactamente las mismas aunque con nombres distintos ¿Quién cree que México es una república? Cuando todos sabemos que es un gigantesco botín? ¿Quién cree en el federalismo mexicano, cuando seguimos siendo el mismo estado centralista de 1821? ¿Quién cree en nuestra independencia con gobiernos lacayos desde que Estados Unidos se aprovechó de este inmenso territorio poblado por sanguinarios cobardes, sin ley y sin justicia? ¿Quién cree en la igualdad en este suelo que solo conoce la discriminación, el desprecio por el distinto, la injusticia y el oprobio? 
Hace unos días en la misma mascarada de simpre, Manlio Fabio Beltrones asumió supuestamente la dirigencia nacional del PRI,  con lo cual confirma que en México Heráclito, Platón y Hegel valen menos que un céntimo, pues es el mismo dinosaurio de cambio que vive no solo en nuestras pesadillas. 
En el interesante libro de Martha Anaya intitulado "1988” se reproduce una frase de Manuel Bartlett, respecto a Manlio Fabio, a la pregunta de ¿Quién era Manlio Fabio Beltrones en 1988? contestó: “Manlio era el cargachamarras de Fernando Gutierrez Barrios”. Han pasado desde entonces 26 años y nada ha cambiado, Manlio en 1988 era el cargachamarras de Gutierrez Barrios y hoy, en pleno 2015, Manlio es el cargachamarras de Enrique Peña Nieto. 
No es el único, Ricardo Anaya es el cargachamarras de Gustavo Madero, Martí Batres es el cargachamarras de Andrés Manuel López Obrador. Todo sigue igual, el PRI es la misma repugnante realidad política que entonces, pero ampliada en otros “pris” ahora llamados PAN, MORENA, PRD, PVEM, MC, NUEVA ALIANZA. No nada ha cambiado, seguimos hundidos en la simulación, el gatopardismo, y si algo cambió fue para empeorar, pues ahora nuestra clase intelectual es más enana, mas miope o ciega e indigna que nunca. 
Por Antonio Limón López.
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LA VICTORIA DE JAVIER CORRAL

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define a la “victoria” como la “Superioridad o ventaja que se consigue del contrario, en disputa o lid.” De lo que debemos concluir que la victoria existe cuando 1.- Se consigue superar a un adversario 2.- Dentro de una confrontación ¿Pero qué decir de esas victorias en que el adversario no existe fuera de uno mismo o cuando se obtiene sobre el resto del mundo? ¿Fue, por ejemplo, una victoria la de Louis Pasteur el inventar la vacuna contra la rabia, si nadie más la imaginaba siquiera? ¿O la de Colón al descubrir una ruta a nuevas tierras al oeste de Europa?
La participación de Javier Corral como candidato "patiño" en la “elección” interna del PAN del 2015, constituye la mayor de sus muchas victorias, primero sobre sí mismo al superar sus propios éxitos anteriores, y segundo, sobre todos nosotros a quienes engañó y utilizó para simular una confrontación, y con esa derrota seguir cosechando diputaciones plurinominales, y senadurías de partido y primera minoría más lo que venga. 
No es fácil estar siempre presente en el corazón de los dirigentes en turno, pues son ellos los que deciden el presente y futuro de los políticos por importantes que parezcan. Recordemos al Jefe Diego Fernádez de Cevallos que de ser un parlamentario imprescindible, fue descartado totalmente por Felipe Calderón, quien lo detestaba por talentoso, y ahora nadie se acuerda, ni da un centavo por el futuro político del ilustre barbón.
Contra el caso excepcional de Diego Fernández de Cevallos, encontramos a miles los tipejos y tipas que han desfilado por las cámaras de diputados y senadores cobrando percepciones de fantasía para escenificar la farsa de representar al pueblo y que han llegado a esos recintos gracias a las listas plurinominales, y a la selección de candidatos a puerta cerrada del CEN de cualquier partido. 
Quienes han repetido, han demostrado cualidades cortesanas extraordinarias, servilidad absoluta y lacayuna obediencia a sus jefes de partido, y esto no es fácil cuando compites contra miles de arrastrados y cortesanos, pero todavía es mas dificil repetir por segunda, tercera, cuarta o quinta ocasión, eso es algo que solo logra la crema y la nata de la elite de lamesuelas mexicanos. 
Si duda usted de lo que digo, vea la lista de los reyes y reinas de las pluris:   Arely Madrid Tovilla, Alberto Anaya Gutiérrez, Eloy Cantú Segovia,  Carlos Aceves y del Olmo, María Beatriz Zavala Peniche, José González Morfín, Ricardo Monreal Ávila, Jesús Murillo Karam, Francisco Agustín Arroyo Vieyra, entre otros como Ricardo García Cervantes, Luisa María Calderón Hinojosa, Javier Lozano, Roberto Gil, Manlio Fabio Beltrones Rivera y Gustavo Madero que saltan alegremente de diputados a senadores y de estos a aquellos sin verguenza alguna y sin ganar ninguna elección.
Es precisamente en esta categoría, la de quienes repiten "pluris" y que por su abnegado arrastramiento logran una senaduría de partido o de primera minoría, donde destaca sin par nuestro héroe Javier Corral Jurado, quien gracias a sus cualidades bellacas y a su apego interesado a Luís H. Álvarez, ha logrado, sin ganar un solo voto, ser diputado "pluri" y senador de primera minoría sin cesar.
En 2012 ya siendo senador, y viendo que Felipe Calderón era ya un derrotado, Javier Corral lo calificó de “cobarde”, esperando ganarse la simpatía de Gustavo Madero. Con eso Corral perdió el apoyo del calderonista Luís H. Álvarez y quedó a la deriva y sin pandilla política, pues tanto los calderonistas como los maderistas lo repudiaron. Gustavo Madero no se dejó convencer por el insulto que Corral le endilgó a Calderón, ya que es todavía más astuto y desconfiado que Felipe Calderón.
Desde ese 2012 Javier Corral fue quedandose solo, sabía el astuto y calculador chihuahuense que si no lograba hacer algo para ganarse el apoyo de Gustavo Madero terminaría por correr la misma suerte de Diego Fernández y de Margarita Zavala, y que si para el 2018 no quedaba en la lista plurinominal, tendría que ponerse a trabajar, por lo que ante tan triste panorama aguzó sus sentidos y sacó a lo peor de si mismo para ganarse la voluntad de Gustavo Madero. 
Cuando ya todo mundo daba por muerto a Javier Corral para el 2018, este concibió una jugada de arrastrado magistral, al convencer a Gustavo Madero que Ricardo Anaya necesitaba un contrincante creíble ante los medios de comunicación y ante ciertos miembros del PAN, y que la persona mas apropiada para escenificar ese numerito sería el propio Javier Corral. 
La oferta de Javier Corral a Gustavo Madero cayó en el momento propicio, si bien bajo ninguna circunstancia podía perder Ricardo Anaya, por tener bien amarradas todas las conveniencias de la cúpula panista y de sus secuaces en los estados, una victoria sin oposición sería cruelmente criticada por la opinión pública nacional. La idea era fenómenal, Javier Corral como candidato opositor no ganaría, pero permitiría simular una elección democrática y hasta competida ¿Y a cambio de qué? Pues obvio, a cambio de una diputación plurinominal para el 2018. 
Esa es la verdad escondida atrás de la historia oficial. En el camino de su "candidatura opositoria" Javier Corral convocó a la “Rebelión de las bases” ¿Cuáles bases, si el PAN es una recua dócil y bien apacentada?. A la bien calculada aventura de Javier Corral se le sumaron los pocos calderonistas que ya pasaron de dar pena a dar vergüenza, ahora mermados todavía más por las deserciones de los cobardes y convenencieros que se pasaron descaradamente al bando maderistas, entre ellos los sobrinos políticos de Calderón, y solo los panistas ingenuos hicieron campaña en favor de este vividor.
Finalmente el resultado aplastante se hizo presente, Ricardo Anaya barrió con el 81.91% de los votos, con una asistencia del 50% de los empadronados y en un escenario de acarreo masivo de damnificados neo panistas. Sin embargo, para Javier Corral  Jurado esta derrota es su más importante victoria, superó a toda su abyecta carrera de arrastrado y gracias a ella logró hacerle un “favor” a la dúo Gustavo Madero y Ricardo Anaya, con lo que aseguró una diputación plurinominal en 2018 y para entonces, podrá arrastrase de la manera que entonces mas le convenga, para asegurar otra diputación pluri de reelección y luego otra senaduría en el 2024. 
Es una victoria que lo supera como cortesano y rey de las pluris, es además una victoria sobre el resto de la sociedad que se creyó el cuento ese de la “Rebelión de las bases”, y quienes creyeron ingenuamente que su candidatura fuera una tentiva de cambio y no una vil farsa para continuar con lo mismo.

Por Antonio Limón López.
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¿POR QUÉ PERDIÓ EL DEBATE JAVIER CORRAL?

Ya nadie discute que Javier Corral perdió el debate con Ricardo Anaya. Todos vimos como el juvenil Anaya le propinó una contundente golpiza dialéctica al conocedor, experimentado y hábil polemista Javier Corral Jurado. Ahora lo que despierta el interés público es ¿Cómo fue posible eso? ¿Cómo pudo ocurrir semejante cosa? En primer lugar esto no es una competencia deportiva, donde el veterano campeón deberá perder con el joven contendiente porque este será más fuerte, resistente y rápido, sin embargo en este caso no es una competencia atlética, sino un debate ¡Sí, un debate! donde siempre el más sabio, el más experimentado y el mejor conocedor de las trampas y trucos de la retórica deberá vencer, aplastar y arrastrar a cualquier oponente inferior, precisamente como en este caso en que el contendiente carece de la experiencia y sapiencia necesaria para vencer. 
Claro que como en el boxeo, en ocasiones el experimentado y mejor dotado puede perder, y en muchas ocasiones le conviene perder, acaso porque exista un premio mayor en las casas de apuesta que en la bolsa para el ganador, acaso porque perdiendo consigue a un mejor promotor que si bien no lo lleve al campeonato, si lo lleve a engrosar su cuenta corriente. Es posible que el mejor pierda, porque el enfrentamiento es una farsa para hacerse con una ganancia que el aficionado desconoce. Este es precisamente el caso en que el tramposo Javier Corral y su patiño Ricardo Anaya, nos insultan con una pelea arreglada. 
Javier Corral es experto en el arte de caer siempre de pie, para asegurar candidaturas pluris, de partido y de primera minoría, es decir experto en el arte de ganar perdiendo. Preciso que para ser pluri no hay que ganar, ni para ser senador de partido, y que para ser senador de primera minoría lo único que hay que hacer es perder. Javier Corral durante veinticinco años ha cultivado el arte de vivir del cuento, de la derrota, de la ausencia de victoria, para así ser diputado, luego senador, luego diputado, candidato perdedor y de nuevo senador. Javier Corral es el rey de las pluris como atinadamente lo llamó Juan Ignacio Zavala cuando Corral acusó de cobarde a Felipe Caldero, ya que en ese momento insultar a Calderón era lo que le convenía.
Javier Corral que es un calculador experto, sabe que no le puede ganar a la mafia de Gustavo Madero, y que aun ganando el debate aplastantemente, perdería la elección interna para presidente del PAN, Corral Jurado sabía como todos en este mundo que Madero y sus compinches, entre ellos el títere Ricardo Anaya, es invencible dentro del actual PAN, en otro tiempo un partido de personas que se guiaban por su conciencia, su buena fe y lo hacían en libertad, pero que ahora, es un partido de lamesuelas y avariciosos, sin conciencia y dispuestos a escupir sobre la memoria de sus padres a condición de asegurar una diputación pluri o una senaduría de minoría o de partido, que es lo que busca el astuto Javier Corral.
Por eso Javier Corral "perdió" con Ricardo Anaya, porque fue un debate “arreglado”, en el cual Javier Corral dio golpes suaves y no reviró a cuanto golpe recibió. Claro que también su candidatura fue arreglada, no era digno que Gustavo Madero impusiera sin oposición alguna al monigote de Ricardo Anaya, necesitaban un contendiente “creíble” y ese fue el experto en marrullerías, engaña idiotas y mosquita muerta de Javier Corral Jurado. 
Pero entonces ¿Cuál es el premio para este tramposo? Obvio, seguir de sanguijuela como hasta ahora, su premio será ser candidato pluri a diputado en 2018, una vez que abandone por un período el senado y entonces con el apoyo de Gustavo Madero y su robotito Ricardo Anaya, Corral será diputado, y en 2021 será otra vez diputado pluri, pero de reelección, porque para eso servirá la reelección .... para perpetuar alimañas. 
Por eso "perdió" Javier Corral Jurado el debate. Cabe aclarar que es falso, totalmente falso, que Corral sea calderonista o lopezobradorista, él simplemente es "corralista", "yo-yo", rastrillo, "nomaspacá" y "parásito" como casi todos aspiran a serlo en el partido fundado por idealistas, entre ellos Manuel Gómez Morín, y que ahora es un reducto, en su mayor parte, de lacras, malvivientes, farsantes,  mosquitas muertas y de bobos e ingenuos.
 Por Antonio Limón López
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